23 nov. 2011

Divagación inherente al viaje.


Deje mi cuerpo a las vibraciones desencajantes,
a mi energía contenida dentro;
doy las gracias y pido algo:
“Unirme a la textura del espacio”
¿Acaso no lo estáis?

Oh gran oportunidad ,
salgamos de esta habitación,
despertemos sobre un océano negro,
adoptaré la posición del loto,
sumergiré este cuerpo que será mi lámpara,
profundas aguas de conciencia,
esquirlas de luz serán peces,
acompañemos al cachalote en su viaje,
cada vez más nada,
el fondo se ve y mi sonrisa es amplia,
ojos cerrados, respiración pasiva,
resplandor de espíritu en lo profundo de un océano.

-Estoy fuera del pensamiento-

Soy una ballena dorada,
saliendo del vientre de una roca marina
que ensoñaba en las profundidades desde los principios,
ahora debo emerger, mientras todo se vuelve azul,
¿De regreso o comenzando?

Varios soles son mi guía esta vez,
de un salto el océano es de aire
y vuelvo a la posición del loto,
mientras cada sol entra en mi cabeza
apagando mi brillo,
regresándome a la habitación,
uniéndome al cuerpo,
convirtiéndolo todo en oscuridad,
mi sonrisa es amplia,
soy la mañana y el primer pie fuera de la cama.

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